El dolor y el placer


El dolor y el placer


Las sensaciones que percibimos son traducidas psíquicamente en grados de dolor o de placer según sea la intensidad y la frecuencia sensitiva percibida. Una acaricia se percibirá como una sensación psíquica de menor grado sensitivo de dolor equivalente a placer. Una quemadura producirá una sensación psíquica de mayor grado sensitivo de dolor equivalente a gran dolor. Una buena noticia nos producirá sensaciones psíquicas de felicidad; por el contrario, una mala noticia nos podría producir sensaciones psíquicas de malestar. 



            Es el propio psiquismo el que traduce psíquicamente en grados de dolor o de placer lo que se percibe. Y ello es debido a que todo nuestro ser es psíquico sensitivo, se ha desarrollado así evolutivamente.



            Desde que la vida surgió como algo microscópicamente pequeño con la capacidad de evolucionar o transformarse en una adaptación que adquiriría cada vez una mejor adaptación, la vida no cesó de evolucionar sensitivamente. Sin las sensaciones, es imposible ser vida y evolucionar sensitivamente adquiriendo una cada vez más desarrollada adaptación psíquica, física sensitiva. Por eso, en los inicios del origen viviente, la vida se originó psíquicamente y evolucionó psíquica sensitivamente hasta terminar evolucionando también físicamente; y así poder lograr desarrollar un sistema, como el hereditario, en el que las vidas pudiesen evolucionar sin perder la evolución.



            La vida estaba obligada constantemente a buscar la mejor adaptación sensitiva posible, tanto física como psíquicamente, cosa que nunca se lograría conseguir plenamente, pues siempre surgiría otra nueva adaptación a la que necesitar adaptarse dado la libertad de acción que dispone la vida, y su constante lucha por la supervivencia. Serían las acciones más repetitivas las que se memorizarían psíquicamente, para así poder heredarse adecuadamente. Esta forma de transformarse la vida en vida cada vez más evolutiva mediante las herencias se llama evolución viviente.



            Sin perder la unión viviente, las vidas se constituyeron en un orden viviente que fue repartiendo y multiplicando de vida todo el planeta. Unas vidas se adaptarían microscópicamente a ser sostén de otras vidas y otras vidas a ser jerarquías inferiores de otras vidas, hasta cumplir todas con la evolución como orden viviente y poder formar un orden jerárquico viviente necesario para que la vida pudiese evolucionar y multiplicarse continuamente; ya que sin una unión viviente la vida no podría subsistir. 



            En los orígenes de la vida, ésta subsistió microscópicamente en los medios acuáticos y en sus humedades; que eran los lugares más propicios para que la vida pudiese adoptar permanentemente diferentes adaptaciones y así poder evolucionar constantemente.  Porque la vida al igual que todo en el universo necesita moverse; sin embargo la vida, como existencia libre que es, necesitará moverse libremente; y sólo podría moverse y transformarse libremente si su entorno se lo permitiese. En un entorno sin agua, la vida no podría subsistir. La lluvia, el calor  y el viento se encargarían de sembrar vida por todo el planeta en el que se posibilitase esa siembra. 



            De unas especies microscópicas surgieron otras más evolucionadas; luego evolutivamente surgió el mundo vegetal y luego el animal. La vida evolutivamente continuaba unida jerárquicamente. Pues la unión viviente, como si de una sola vida se tratase, sería el propio orden viviente en la que cada jerarquía inferior serviría de base a otras jerarquías vivientes superiores. Puesto que la vida pertenece a un orden viviente y no puede evolucionar ni separarse de ese orden viviente al que pertenecen todas las vidas del planeta Tierra sin excepción. 



            No podría surgir otro orden viviente separado del propio orden viviente terrestre, que es como separar al agua terrestre del agua terrestre; todo el agua terrestre pertenece al mismo agua terrestre, aunque se separe un mar de otro mar. De esa manera, evolucionarían ambos mares en dos lugares diferentes pero sus tendencias siempre serían la unificación; ya sea por medio de las lluvias o por los cambios geográficos. Si se juntaran ambos mares se unificarían instantáneamente. Por muchos milenios que llevasen separados esos mares, sus unificaciones serían sus eternas tendencias. Al igual que la tendencia del orden viviente es a unificar todas las vidas en una sola evolución jerárquica; en la que lo más importante sería el propio orden viviente, no las individualidades vivientes, ni las propias especies vivientes, pues éstas podrían ser sustituidas por otras especies que se adaptasen mejor al medio, sin que la vida en general se extinguiese. 
 
 

Autor: Salvador Sánchez Melgar
Registrado en Safe Creative el 26/02/2012
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Respuesta de Diego Peralta (Vladimir Soloviev) a: El tiempo no existe, foro Filosofía.org

Su ensayo es cabal ratificación de que el título formal no hace al filósofo. La filosofía es quien nos elige, y usted sin duda está en la lista de elegidos. Honre esa necesidad de querer, aunque os advierto que el camino es arduo y espinoso. Ergo solo la filosofía le promete una muerte digna, tras su reciprocidad a ella. Pero sentir la filosofía es mas fuerte que uno mismo, y para usted ya es tarde para arrepentimientos. Usted es un filosofo genuino,....solo déjese llevar. Otro respetuoso saludo. Diego
Muchas gracias Diego Peralta (Vladimir Soloviev)

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