¿Qué es el yo?

        


¿Qué es el yo?

Los yos son puros y no admiten duplicidades; por lo tanto, ningún yo puede existir en dos sitios a la vez. Todos los yos puros son identidades cuánticas, únicas e indivisibles. Las cuáles son los espacios más infinitamente pequeños que existen, equivalentes a diminutos trozos de tiempos dinámicos; pero es que no existe otra clase de tiempo que no sea el dinámico. Y aunque todos los yos cuánticos sean semejantes entre sí y saturen de existencia al universo, cada uno de estos yos dispone de su propia identidad propia, con su propio dinamismo y tiempo cuántico. Sin embargo, todos los yos se podrán adaptar al dinamismo y tiempo evolutivo más adecuado; ya que los yos cuánticos como creadores del espacio y del tiempo que son, por sí mismo no pueden formar espacios ni tiempos, necesitan unirse entre sí para poder constituirse en espacio y tiempo. 


            Unos yos evolucionaron como identidades energéticas y materiales y otros yos evolucionaron como yos vivientes formando grupos asociativos de yos, mediante un sistema de herencias. Es esta última forma de evolucionar, lo que permitiría a los yos ser vida. Dichos yos vivientes, al asociarse con otros yos y así poder formar una asociación viviente, dispusieron de la posibilidad de no perder sus respectivos contactos asociativos, lo cual les permitieron sentir; o sea, adquirir las sensaciones que les posibilitarían la vida. Pero también podría existir otra clase de yo, un yo artificial, que podría ser el yo del correspondiente programa insertado a un posible robot.


            Cada ser vivo, o yo, para poder tener vida propia deberá estar asociado sensitivamente a una asociación de yos; los cuales, aunque formen parte de un ser vivo, o yo, deberá cada yo poseer otra asociación de yos para poseer su propia vida con sus correspondientes yos, y así sucesivamente. O sea que nuestros yos por sí mismo no son vidas, ya que la vida nos la posibilita la asociación sensitiva del conjunto de yos de nuestro ser. Ese inevitable orden evolutivo hereditario viviente, inevitable porque en donde hay posibilidades de que surja la vida es inevitable que surja, es lo que ha posibilitado que los yos se interconecten sensitivamente para así poderse transformar en vida. 


            Cuando nace un ser vivo, nace como producto asociativo hereditario de yos. ¿Pero cuando muera ese ser vivo, qué pasará? Tal vez, ese ser vivo cuando muera, evolutivamente, volverá a nacer en su tiempo correspondiente, cuando el proceso hereditario forme otra asociación de yos adaptado a su yo. Quizás todas las vidas posean infinidad de copias microscópicas de su asociación de yos como asociación de yos; que no son copias vivientes sino copias evolutivas. Copias que podrían ser la semilla que compusiese una nueva vida. Copias que tal vez estén esperando que muera el original para que sólo una de ellas, pueda nacer ocupando el puesto renovado del original. Copias que no pueden nacer antes de que muera el original, porque dos mismos yos, o vidas, no pueden vivir en los mismos tiempos vivientes. Pero eso no sucede instantáneamente, ya que existirán infinidades de copias y sólo una copia es la que nacerá ocupando la misma vida de la que fue copia; gracias a que la existencia cuántica tiene el poder de manejar el espacio tiempo a su antojo. Y así ese ser viviente podrá iniciar una nueva vida con los mismos yos, pero más renovados; ya que mientras las copias de yos esperan como copias, se van manteniendo como copias y al mismo tiempo adquiriendo nuevas adaptaciones. 


            Todos los yos de todos los seres vivos disponen del mismo proceso evolutivo, cada uno volverá a nacer conforme a su tiempo correspondiente; pues lógicamente el tiempo evolutivo que le permita volver a nacer a un ser humano, no será el mismo tiempo que el que le permita nacer a por ejemplo un mosquito. Entre que las herencias del mosquito vuelven a recuperar su estado hereditario ideal para poder volver el mosquito a nacer con su mismo yo, habrán transcurrido varias generaciones hereditarias; sin embargo en el ser humano, lógicamente, no habrá transcurrido todavía ninguna generación, porque nuestros tiempos hereditarios son mucho más lentos que el del mosquito. 


            Al mismo tiempo que muere un ser vivo, van muriendo poco a poco todas las demás vidas de los yos que componen ese cuerpo sensitivo; para que todo se desintegre como tiempo cuántico y vuelva a surgir como tiempo cuántico en su tiempo, según el orden evolutivo impuesto por las herencias. Cada una de esas partículas cuánticas, o yos, crean su propio lugar dinámico, lugar que no puede ser ocupado por otra partícula cuántica, pues cada una posee su propio lugar dinámico. Lo que podría significar que quizás dichas identidades cuánticas cambien constantemente de lugar pero manteniendo siempre, cada una, su lugar dinámico. Porque los lugares no son espacios que existen como espacios quietos; sino que son lugares dinámicos que no pueden permanecer nunca en los mismos sitios. 


            Esas infinitas pequeñas identidades cuánticas son indivisibles porque sus posibles divisiones acabarían con sus propias existencias, transformándolas en una absoluta  quietud representada por la nada más absoluta. Como todas esas unidades dinámicas que saturan de dinamismo al universo se mueven a la misma velocidad, se podría pensar que el universo ha podido adquirir esa misma velocidad expansiva. Lo más seguro es que al ser el universo una saturación de dichas unidades dinámicas cuánticas, esas unidades dinámicas se han podido mantener siempre unidas como saturación dinámica adaptándose dinámicamente a un mismo dinamismo universal, aparte que lo de fuera impediría esa desunión dinámica, porque lo de fuera es la nada, es la quietud absoluta que ha servido de contenedor dinámico a la misma saturación dinámica. Dichas unidades dinámicas, al mismo tiempo que se mantendrían unidas, tenderían a repelerse entre sí porque sino el universo no se podría expandir. O sea que dichas unidades dinámicas poseen  dos caras, la de las atracciones mutuas y la de las repulsiones mutuas. 


            Esos movimientos universales, quizás, obligasen a que el universo poseyese gravedad; lo cual, también, podría influir en la velocidad expansiva del propio universo. Gravedad que posibilitaría que todo lo que surgiese en el universo como estrella, planeta y satélite adquiriese también dicha gravedad universal independientemente de que cada cuerpo pueda estar influido a adquirir su propia gravedad. El universo no es el que mueve a todo lo pequeño, sino que es todo lo pequeño lo que con sus dinamismos mueven al universo. Una sola hormiga poco movería pero infinidades de hormigas podrían mover todo un mundo.


            El yo de un ser vivo significaría el poder reconocerse  sensitivamente a sí mismo, psíquica y físicamente. Eso le permitiría al yo saber que existe como vida y que su existencia es diferente a todo lo demás, para así poder situarse en el mundo y poder adquirir autonomía propia. Como ya he explicado anteriormente, toda la asociación de yos de un ser vivo forma una misma unidad sensitiva que funciona como si fuese un mismo yo; ya que está gobernada como si fuese un solo yo. Dichos yos sensitivos sólo pueden ser reconocidos por los propios seres vivos, ya que sólo los seres vivos poseen el poder de sentir. Ese reconocimiento sensitivo nos ha obligado a necesitar protegernos. Con lo cual, evolutivamente, nos hemos dotado de la posibilidad de disponer de la autonomía suficiente como para obtener las libertades psíquicas y físicas apropiadas para así podernos  mover libremente, y así poder defendernos de la mejor manera posible. 


Registrado en Safe Creative el 14/04/2012
Autor: Salvador Sánchez Melgar
Http://www.articulosnuevos.blogspot.com

Respuesta de Diego Peralta (Vladimir Soloviev) a: El tiempo no existe, foro Filosofía.org

Su ensayo es cabal ratificación de que el título formal no hace al filósofo. La filosofía es quien nos elige, y usted sin duda está en la lista de elegidos. Honre esa necesidad de querer, aunque os advierto que el camino es arduo y espinoso. Ergo solo la filosofía le promete una muerte digna, tras su reciprocidad a ella. Pero sentir la filosofía es mas fuerte que uno mismo, y para usted ya es tarde para arrepentimientos. Usted es un filosofo genuino,....solo déjese llevar. Otro respetuoso saludo. Diego
Muchas gracias Diego Peralta (Vladimir Soloviev)

401ª Página (mis poesías)

701ª Página (quién soy yo)